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Los ingresos extraordinarios son una bocanada de aire fresco para quienes casi atraviesan por la asfixia financiera. Constituyen la oportunidad perfecta para replantearte las cosas, reflexionar y reorientarte hacia el logro de tus metas sin morir en el intento. 

 Los recursos adicionales son aquellos que no habías proyectado y que, por lo tanto, no has determinado su propósito. Claro, asumiendo que previamente ya has incorporado a tus hábitos la elaboración de un presupuesto de ingresos y gastos. 

Las tres opciones lógicas pueden ser invertir, pagar deudas o ahorrar. Es probable que la decisión no sea tan simple, sobre todo cuando ese dinerito extra no es suficiente para saldar la totalidad de tus compromisos. 

A la hora de decidirte, quizá el punto de partida sea que te hagas las preguntas siguientes: ¿Cuál es el costo anual de tus deudas? ¿Cuántos rendimientos esperas recibir por tus posibles inversiones? ¿Cuál es el riesgo que asumirías al invertir?

De seguro que las respuestas te darán la suficiente claridad para emprender el camino para sacar el mayor provecho a esos recursos adicionales. 

Por un lado, si los intereses anuales de la deuda son superiores a los beneficios que percibirías al invertir en algún activo financiero, lo ideal es que el pago a tus acreedores se encuentre a la cabeza de tu lista de opciones. Esto cobra especial relevancia cuando tus deudas provienen de tarjetas de crédito o de préstamos informales, los que suelen caracterizarse por su elevado costo.

Lo mejor es pagar deudas, sobre todo si son particularmente costosas, como las de tarjetas de crédito o de préstamos informales de usura. En este último caso, siempre es más razonable endeudarse con las entidades financieras formales para liberarte de los compromisos con el prestamista. Por ello procura hacerte un buen historial crediticio para garantizarte el acceso. 

¿Significa que debes destinar el 100% de los recursos a saldar las deudas o cubrirlas hasta que todas tus cuentas bancarias se encuentren en cero? La respuesta es no. Lo ideal sería que apartes una parte de ese dinero extraordinario y lo inviertas en un activo financiero de alta liquidez, de manera que no tengas que recurrir, una vez más, al endeudamiento si se te presenta una emergencia. Se trata de equilibrar. 

Al separar una parte de ese dinero y destinarla a, por ejemplo, un certificado financiero de redención anticipada, estarías reduciendo tu nivel de endeudamiento, invirtiendo y ahorrando. Todo al mismo tiempo.

Recuerda…

- La rentabilidad de los activos financieros puede que no sea demasiado cuantiosa. Si lo es, asegúrate de que sean inversiones que cuenten con el aval de la Superintendencia de Bancos y el resto de las instituciones supervisoras del Estado.

- Nunca escatimes esfuerzos a la hora de crear un fondo de emergencia. El truco es asegurarte de que esos recursos no se encuentren ociosos y que puedan recibir la mayor rentabilidad ofrecida por el mercado regulado, pero, claro está, de riesgo moderado.

- Si tu deuda es hipotecaria, puede que encuentres instrumentos de inversión que te provean mayor rentabilidad que los intereses anuales que pagas por el préstamo de vivienda.

- Si eres demasiado susceptible a las preocupaciones, considera los beneficios emocionales de realizar abonos a tus deudas, a pesar de que las inversiones pudieran ser más rentables.

- En caso de que te decidas por invertir, evalúa los riesgos de esas inversiones y los impuestos a las ganancias de capital.

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¿Qué opción escojo entre ahorrar, pagar deuda e invertir?